Una de las cosas que más llama mi atención es la expresión de muchos cuando les comento que voy solo al cine. Es una mezcla de espanto, sorpresa, desagrado e incomprensión. Resulta curioso porque pocas, muy pocas veces eh ido al cine acompañado.
Hoy me puse a pensar sobre el por qué de esta situación y parece que la visita (al cine) se trata de una cuestión de reunión social más que contemplación artística. Me refiero a que el cine se convierte en un pretexto para invitar a la chica que te gusta, un lugar para molestar personas con las palomitas o de estar a la moda con los estrenos.
En vez de criticar o pensar que lo anterior es una ofensa al Séptimo Arte, me sorprende la versatilidad que tiene la sala de proyección: lugar de encuentros pasionales y de juegos infantiles; de seriedad y reflexión o por el contrario, de travesuras y escándalo.
Ir solo no significa que sea aburrido, es cuestión de preferencias. Me extraña que las personas acepten que van con sus cuates o con la novia al cine y no les pase por la cabeza que alguien vaya únicamente a ver la película.
La sala de proyección le da la bienvenida a todo aquel que pueda pagar su admisión.
jueves, 15 de octubre de 2009
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¿Y por qué no te lanzas al romo de vivar? Digo, esas críticas tan atinadas que haces, son para ver pelis de cine "holliwoodense". También ahí se puede ir solo sin que veas gente molestando gente o chavos 'ligándose' mutuamente, jeje!
ResponderEliminarVoy a todos los cines que puedo. =)
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